dijous, 30 de setembre del 2010

Del Cita Cita, Del

Las citas, esas hermosas cosas que conoces cuando te echas novia por primera vez a los 16 (si, ya sé que algunos de nuestros lectores tienen 28 y todavía no han pasado de la fase onanista, pero eso no es lo normal) y quedas en el parque.

Si, amigos, esa sensación. Nervioso, te acercabas a ella sudando tinta chinese.. Te estaba esperando en un banco, vestida con una falda y con calentadores, deseando que llegaras para que la sometieras a un buen rato de morreos encadenados con salivazos, mordiscos y babazos.

Ese era el espíritu.

Si era de las ligeras, podías probar a introducir la mano por debajo de la falda sin llevarte la hostia de tu vida. Si eras muy afortunado hasta lograbas captar un ligero olor en los dedos desconocido hasta entonces, (a no ser que vivieras cerca del puerto o que tu padre trabajase en una lonja) suficiente para olerlo al llegar a casa con sus consiguientes menesteres.

Muy bien, de aquellas, si que molaban las citas. Eran un auténtico placer.

Ahora no. Las citas de mayor, suelen ser en el trabajo, más que nada porque eso de estar casado y quedar con otras chicas para comer o cenar solo pasa en las comedias americanas para dar paso a una infidelidad o un lío embarazoso.
Las citas del trabajo son lo peor. Porque pasas los mismos nervios que hace 20 años, pero el resultado es bien distinto. Sitio desconocido, señores que te dan la mano desconocidos, y gente que se olvida de las citas, como ha sido mi caso hoy.

Indignado me hallo, más no puedo hacer nada más que cagarme en la puta madre del que inventó el puesto de jefazo.

Asco de vida, asco de tiempo, que lo transforma todo.

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